Columna.Alejandro.Carbonell

Columna.Alejandro.Carbonell

Columna :: Desde las gradas

Texto :: Alejandro Carbonell

Lugar :: Pachuca Hidalgo

Fecha :: 22 de Junio 2014

 

Recuerdo la primera vez que fui a una función de lucha libre, venían a presentarse La Parka, Octagón y Cibernético (todavía con máscara y un personaje mucho más accesible que el que maneja ahora), mi primaria quedaba cerca de La Arena Afición (ese lugar mítico de Pachuca) y mi padre nos compró boletos, la familia es de cuatro integrantes.

Se acercaba el comienzo de la función y la principal preocupación de mis padres era que no fuéramos a dormirnos. Corrían las primeras luchas y yo no sabía quiénes estaban arriba, teníamos lugares numerados y sinceramente el sonido de las láminas me parecía molesto (ahora lo disfruto y a veces hasta lo exijo). La crónica de la lucha no puedo darla, era tanta mi admiración por Octagón que todo me pareció desvanecerse alrededor de sus llaves, sus patadas y ese pequeño personaje que tanta curiosidad despertaba en mí, la máscara de Cibernético era maravillosa, tanta tecnología contenida en un pedazo de tela me parecía imposible, esos circuitos eran una novedad en ese tiempo, no había siquiera internet en la escuela (en computación aprendíamos a formatear discos de 5 ¼ en MS DOS).

Al otro día no fui a la escuela, claro, salir a las 11 de la noche y vivir lejos eran motivos suficientes para dejar de ir. Sin embargo, me encontraba embriagado, fascinado por tanta luz, música, tanto golpe, tantas llaves, lances y uno que otro susto pro parte de los rudos, había vivido lo que veía en la televisión (las lucha se pasaban en el 9 los fines de semana y la triple A era una empresa un poco más seria de lo que es hoy en día) y todo ese sueño que tanto había esperado por fin se hizo realidad, desde entonces supe que la Arena Afición no sería algo tan lejano, había conquistado esa ambición y podría volver a ella cuando me viniera en gana.

Tardé muchos años en volver a una función en vivo en la arena, más de 10 y cuando regresé era porque venía a luchar un personaje también famoso, Místico justo cuando empezaba a ser quien fue (porque realmente ahora no es nadie, lástima) y venía contra El Terrible. Venía después de haber hecho una tremenda grosería a la afición pachuqueña, en una lucha anterior había decidido bajarse del ring y largarse sin volver dejando inconclusa la lucha, cosa que realmente me parece despreciable y que también anunciaba su futuro fracaso a causa de tanta soberbia pero ese tema se abordará en próximas columnas y más a detalle. Antes de la lucha estelar, vi por primera vez a un personaje que sinceramente extraño en esta ciudad, El payaso Arenita, quien, dejando de lado lo ridículo de su personalidad y lo terrible de su equipo, me pareció un luchador completo, con buen físico y muy buenas reacciones y decisiones de último minuto antes de realizar un lance.

Cuando salió a luchar el Místico y se enfrentó al Terrible, me di cuenta de algo que marcaría el resto de mi vida como aficionado (no porque ya haya muerto) y fue que en primera soy mucho más rudo que técnico y en segunda, prefiero luchadores que realmente le den al público una buena demostración de lucha libre y no le dejen solamente la ilusión de que podría haber habido lucha.

La arena afición se ha reconocido por ser un recinto en el que se exige a los luchadores, se les exige trabajar, situación complicada en un país en que estamos acostumbrados a hacer las cosas a medias y por eso cuando vienen, algunos se retiran molestos, porque piensan que pueden darle atole con el dedo a un público frío, apático y ávido de buenas llaves.

Con la llegada (primero en televisión por cable y ya después por señal abierta) de las payasadas de lucha libre norteamericana, se comenzó a abrir un mercado sensacionalista que buscaba la violencia sobre la técnica; monstruos de casi dos metros de estatura y más de cien kilos de peso, con movimientos lentos, torpes y rudos que buscaban más una pelea callejera que una verdadera demostración de lucha libre. Tristemente ese mercado en México fue acaparado con gran velocidad y excelentes estrategias, tanto fue así que ahora aquellos que deciden ir por primera vez a una función terminan aburridos por las demostraciones de llaves que hacen aquellos luchadores que han sido entrenados en el esquema clásico, la diferencia entre “wrestling” y “lucha libre” no se explica al entrar a la arena y se confunde cuando comentaristas de futbol decidieron convertirse en los portavoces del espectáculo americano y lo más desastroso es que no hay otro culpable que el malinchismo del mexicano promedio que piensa que las cosas, por venir del extranjero resultan mucho mejores que aquello que se gestó en su propio país y que ha luchado durante décadas por hacerse un lugar hasta crearse ese sitio dentro de la conciencia del pueblo que disfruta del espectáculo.

Sin ánimos de hablar como gran conocedor más que como un sencillo aficionado que gusta de gritar y demandar buenos espectáculos, me he puesto a reflexionar en el tipo de espectáculo en que se ha convertido la lucha libre mexicana, tampoco voy a hablar de madurez del show y mucho menos pretendo analizar si es que va por buen camino o no, el objetivo principal de esta columna es el hablar, como su nombre lo dice, desde las gradas, por fuera de las cuatro cuerdas y alejado del cuadrilátero (me resisto a la idea de un ring de seis lados y me parece, aparte de ridícula, insultante).

Últimamente he tenido un mayor acercamiento a la teoría de la lucha libre y a su forma de manejarse, he sabido de tantas empresas nuevas o desconocidas anteriormente para mí e incluso he podido ver sus funciones, principalmente las de aquellos muchachos dirigidos por Crazy Boy, los luchadores de Desastre Total Ultraviolento.

El primer evento que vinieron a dar a Pachuca fue enorme, era una empresa que empezaba y quería ser reconocida, con luchadores nuevos y con un concepto muy americanizado pero digno de verse. Lleno total en la arena, abarrotado (en ese entonces me gustaba sentarme en ring numerado, hasta enfrente y solamente pude conseguir de tercera fila), la gente gritaba como nunca, el ambiente fue simplemente magnífico, la entrega del público y de los luchadores fue total y las ganas de tener pronto un espectáculo similar invadieron por tanto tiempo las gradas que aquellos personajes encontraron buen cobijo dentro de los aficionados. Luchadores nuevos, sencillos, humildes y llenos de esperanza por brillar estaban cada martes dando exhibiciones de llaveo, lances y de vez en cuando situaciones extremas que se agradecían por parte del público.

Nació Drastik Boy, Cíclope y dos muchachos que van que vuelan para hacer historia, Violento Jack y Aeroboy, hoy independientes, pero abanderados en el inicio de la empresa y muy dignos, tanto que sus esfuerzos les han llevado a Japón ya varias veces y les han conseguido títulos y reconocimiento no solo local o nacional sino internacional como dos de los luchadores extremos que vienen arrasando y pisándole los talones a figuras como el mismo Joe Líder.

Los eventos de DTU se hicieron costumbre en la Arena Afición de Pachuca, siempre llenos de mercadotecnia, esperados por meses, abarrotados y dejando buen sabor de boca, los luchadores poco a poco fueron adquiriendo fama, admiradores y un nombre dentro del ambiente luchístico, llegando a entrar o participar en otras empresas con poco más de renombre y haciendo que subieran su nivel.

No solamente lograron crearse nombre dentro de Pachuca o Tulancingo, comenzaron a llevar eventos a otros lugares de la república en los que, por supuesto, daban el mismo rendimiento porque estaban bastante espaciados y daban oportunidad a que se recuperaran de lesiones o cortadas profundas que pudieran adquirir en alguna de sus presentaciones.

Con el paso del tiempo, la empresa siguió su camino, dentro de la república y atrayendo a figuras mayores que iban a medirse contra aquellos personajes con poca trayectoria que querían adquirir experiencia y consiguieron aumentar tanto su nómina como su prestigio y sus presentaciones.

Otro evento que llamaba mucho la atención sucedía cuando venían los Perros del Mal y más cuando se presentaban el Hijo del Perro Aguayo con Damián 666, el Mosco X-Fly y Haloween a veces incluso con La Bestia 666, eventos que también llenaban el recinto manejando diferentes rivalidades (la que más llamaba la atención era la que tuvieron con los Psycho Circus, aquella tercia que pretendía hacerse también de su nombre y cuyas cualidades salían de lo ya muchas veces visto dentro de la lucha libre). La empresa Perros del Mal también traía buenas presentaciones y para una arena independiente como la que se encuentra en Pachuca, el tener eventos de empresas distintas daba a la afición opciones para poder ver cada mes o dos meses algo distinto, algo nuevo, algo que saliera de lo común.

IWL es otra empresa de las que comenzaban, querían también hacerse de prestigio y ofrecían funciones que llamaban la atención, estas con muchas más estrellas que DTU por ejemplo y con exhibiciones dignas del precio que se pagaba por entrar a verlas, mucho más eclécticas, con luchas de llaveo, de vuelos y extremas en una misma función ya ofrecían todas las opciones dentro de la misma lucha y no se sentía para nada estar más de tres horas a veces ya que cada lucha era distinta a la anterior, no mejor ni peor, distinta, lo que dotaba a los eventos de incógnitas, el ver cómo lucharía Terry, qué haría el Fantasma o si los Cerebros iban a maravillar con tanta técnica que tienen, no se sabía si alguna de las jóvenes estrellas iba a mostrarse como una digna promesa haciendo castigos ejemplares y había siempre que ir preparados por si se ganaban alguna moneda (algo pocas veces visto y muy complicado en Pachuca).

Vaya años que fueron, los finales de 2012 y el 2013 presentaron grandes eventos en la ciudad,la arena era un recinto que tres martes a la semana estaba a medio llenar y una vez al mes podía verse a reventar, se escuchaba el ambiente incluso desde la calle, los gritos, la euforia, habían muchas ganas de ver esos eventos, los martes venían estrellas, fuera el Cerebro, X-Fly, el Fantasma, Chico Ché, Lucky Boy y Niño de Ébano, en fin, siempre había opciones, todo gracias a que se sabía que un evento estaba próximo, tan bien que se sentía saber que se avecinaba un “evento”.

Una vez al mes todos sabían que habría evento y si no, se daban cuenta, ir los miércoles o los viernes a trabajar sin voz y desvelado era la señal de lo que había sucedido la noche anterior, una derrama de testosterona, una gran concatenación de llaves, una explosión de porras, de abucheos, de palabras al azar, de insultos, una gran noche de diversión sin reservas, sin censuras y sin tapujos.

Como buen romántico, todavía tengo los boletos de aquellos eventos que incluso se imprimían a color y estaban muy bien diseñados. Las fechas parecen confundirse y eso era lo mejor, se sabía que sucedería un evento pero a veces la empresa era lo de menos, siempre se podía tener la certeza de que quienes fuera que vinieran iban a entregarse por completo.

Terminando el 2013 todo pareció cambiar, “evento grabado para la televisión” era el nuevo lema de IWL, se sabía que sus eventos eran largos, llenos de estrellas y por consiguiente, llenos de buenas luchas pero comenzaron a flaquear, llegaban a hacer poco o nada, algunas llaves, algunos lances, poca destreza. Lamentable.

DTU comenzó una de sus giras devastadoras en Pachuca, exponiendo campeonatos y prometiendo unas 300 lámparas, de las cuales, si a caso se vieron cuatro, decepcionante, triste, insípido.

Perros del Mal dejó de venir, dejaron de aparecer, se alejaron de la gente que tanto les esperaba, todo parecía ir para abajo.

Ese cambio me recordó a aquella vez que vino el Místico y se bajó del ring para no volver del vestidor, el respeto por la Arena Afición de Pachuca se había perdido, parece que ahora el boleto se paga menos, parece que vienen preparando giras y ocupan esta plaza para practicar.

Alguna vez le pude preguntar a un luchador lo que opinaban de la Arena Afición de Pachuca, me comentaba que era un lugar complicado, con más inclinación por el bando rudo y con mucha exigencia en cuanto a técnica. Le pregunté también si todos opinaban lo mismo y me comentó que así era, que realmente es una prueba para muchos pugilistas porque el público sabe lo que quiere y cuando la gente sabe lo que quiere, se ubica en una posición óptima para  exigir, entonces ¿es malo que la afición exija?, ¿los luchadores necesitan venir y dar lo que ellos quieran?, ¿el aficionado común debe conformarse con lo poco que quieran hacer?

Es triste la nostalgia y no hay nada más amado que lo que se perdió, aquí se ha perdido el respeto, el respeto por la gente, es obvio que una gira de cuatro días que incluye Querétaro, Guadalajara o Monterrey y el Distrito Federal y que comienza en Pachuca no va a dejar mucho aquí y es triste que la gente ya lo sepa, es triste no ver llenos totales ya cuando se realiza un evento y mucho peor escuchar las razones por las que la gente se encuentra apática sabiendo que uno opina lo mismo.

La idea romántica de volver un día y reconocer en la arena aquel sueño que viví hace casi veinte años sigue ahí, espero que pronto la pequeña –pero no por eso menos importante- arena de Pachuca vuelva a tener el reconocimiento de los luchadores y sobre todo espero que la afición que cada semana nos encontramos allí sepamos que los luchadores volvieron a tener respeto por nosotros.

Cada semana antes de entrar quisiera encontrarme con un lleno y una función espectacular, veo las lonas cuando hay eventos y me es difícil no escuchar el ruido que uno sabe que significa que la arena está a punto de reventar y que difícilmente se encontrará lugar si es que se llega a unos minutos de comenzar la función.

Desde la grada las cosas se perciben de un modo distinto, se ven de lejos y con una claridad distinta, al principio creía que era situación de mala apreciación mía, que era yo el quisquilloso que  esperaba más de quienes venían. El respeto por cualquier arena debe estar presente en cada luchador, en cada empresa y sobre todo, el reconocimiento a la afición que se les ha entregado desde incluso cuando comenzaban.

Share